Descubren en Río Tala, partido de San Pedro, un nuevo sitio arqueológico

Fue un campamento de cazadores nómades ubicado a orillas
del arroyo del mismo nombre.

Una familia de Río Tala realizó un importante hallazgo arqueológico referido

Tres de las piezas descubiertas

a restos de alfarería indígena muy ornamentada.

Las piezas, unas 26 en total, fueron recuperadas por el Sr. Héctor Jorge Ortiz, actualmente fallecido, en diferentes jornadas de pesca en el Arroyo “El Tala”, a pocos kilómetros de su desembocadura en el riacho Baradero.

El hombre, en sus caminatas por el lugar, descubrió un punto donde una comunidad de nativos supo tener un campamento de caza en la zona.

Hace unos días su esposa, Sra. Luisa Ester Ratine, junto a su nieto, el joven  Juan Cruz Roa, acercaron las piezas de cerámica al Museo Paleontológico para su estudio y deposición.

Si bien los familiares poseen una vaga idea de dónde encontrara los objetos el

Grupo Conservacionista de Fosiles recorriendo la zona.

Sr. Ortiz, aún no se ha podido ubicar el punto exacto. Actualmente la zona está siendo relevada por el equipo del Museo ya que el lugar estaría ubicado entre las vías del ferrocarril y el sector de Campo Spósito.

Los restos de alfarería, si bien se asemejan en su conformación a los hallados por el Grupo Conservacionista en el Parque Histórico Natural de Vuelta de Obligado, presentan en su superficie una serie de diseños muy elaborados, donde predominan líneas continuas, líneas punteadas y figuras geométricas de diversa índole.

El hallazgo de esta cerámica representa una excelente oportunidad para aumentar los conocimientos sobre los grupos aborígenes que habitaron el norte de Buenos Aires, ya que un estudio realizado por la Dra. María Amanda Caggiano, del Instituto Municipal de Investigaciones Antropológicas de Chivilcoy e investigadora del CONICET, señala que “de acuerdo a los registros arqueológicos la proporción de la cerámica decorada es muy inferior, en relación, a la que no ofrece diseños incisos o pintados”.

Esta investigadora y sus colaboradores señalan que “una actitud natural del indígena bonaerense fue registrar en lo que producía, imágenes de su entorno y en el caso de la alfarería es lícito observar en su iconografía (es decir, dibujos), la enfatización de la dominante horizontal (a través de líneas)”, refiriéndose a la lejana línea del horizonte visible en toda la llanura pampeana.

En su aporte a esta investigación, la Dra. Caggiano, comenta que “el

La complejidad de los dibujos marca la importancia del descubrimiento

término grabado, se aplica al diseño realizado cuando la pasta o la pared de la pieza estaba seca. No es el caso de la alfarería de la zona, que el diseño se realizaba cuando aún estaba húmeda, es decir se practicaban incisiones”.

Las observaciones realizadas por el Grupo Conservacionista de Fósiles permiten sugerir que las piezas de alfarería descubiertas en Río Tala corresponderían a la modalidad decorativa denominada “Lechiguanas”, una de las más tempranas del Delta del Paraná.

Los comienzos de esta modalidad decorativa han sido calculados, por

Los fragmentos de vasijas, ollas y escudillas (platos) hallados por el Sr. Ortiz conforman un material muy escaso y por ende muy valioso para el estudio de las comunidades aborígenes de la provincia de Buenos Aires.

algunos investigadores, entre el 600 y el 800 antes de Cristo.

Desde el Museo Paleontológico se señala que es asombrosa la diversidad de los dibujos geométricos que se pueden observar en la cerámica hallada, hecho que pone de manifiesto el alto grado de destreza alcanzado por los pueblos aborígenes de la zona.

Este nuevo sitio arqueológico en Río Tala, junto al de Vuelta de Obligado, permitirán ir elaborando un mapa de la distribución, en el partido de San Pedro, de las comunidades nativas en épocas prehispánicas.

Descubren en San Pedro túneles de 1890

Funcionaron como ductos de venteo de gases de una vieja destilería.
Municipio y empresa constructora contemplan, contra reloj, salvaguardar un valioso patrimonio arquitectónico.

Días atrás las excavadoras que construyen el nuevo acceso al Puerto de San Pedro comenzaron a remover escombros en varios puntos del predio donde funcionaron dos empresas que fueron pioneras en la región: Alcoholera “La Estrella” y, posteriormente, Ferrocarriles Depietri. La primera funcionó desde 1890 hasta mediados de la segunda década del siglo pasado para ser comprada, más tarde, por el Sr. Eduardo Depietri quien construyó una línea ferroviaria que finalizaba en el predio de la antigua alcoholera.

El pasado 25 de enero se hallaba en la zona el Director de Cultura de la

Hallazgo del 25 de Enero

Municipalidad, José Luis Aguilar, quien observó la misteriosa boca de un túnel que se había abierto a unos 2 metros de profundidad.

Inmediatamente se conversó con la empresa constructora que la Provincia de Buenos Aires tiene trabajando en el lugar para evitar el deterioro de la estructura aflorante hasta determinar su importancia. Directivos de la Secretaría de Obras Públicas, de la Secretaría de Producción y Turismo y el propio Intendente Municipal se acercaron al lugar para evaluar los pasos a seguir.

La remoción de escombros y excavación de las ruinas fue emprendida por personal de la Dirección de Cultura junto al Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo de tareas del Museo Paleontológico de San Pedro.

Horas de limpieza dejaron al descubierto una cámara de combustión construida de viejos ladrillos que mostraba, en uno de sus lados, la boca de un túnel de algo más de 1 metro de ancho por 1, 50 metros de alto. Los ladrillos en un sector de las paredes internas se ven asombrosamente fundidos, señal de haber contenido una fuente de calor superior a los 1200 ºC, temperatura a la que se comienzan a derretir los ladrillos comunes.

La sorpresa aumentó cuando a unos 50 metros de ese punto se detectó una

Comienzando la excavación del 2º punto

abertura en el suelo que, al ampliarla, mostró otra boca de túnel con su arco de medio punto intacto donde se visualiza la esmerada arquitectura con que fue realizado.

Con el paso de los días y decenas de baldes de escombros removidos se pudo establecer que los dos puntos excavados corresponden a un antiguo túnel de venteo que llegaba hasta la base de una gigantesca chimenea de ladrillos que existía en el lugar. Si bien los trabajos recién comienzan, ya se sabe que los dos puntos en los que se trabaja estuvieron unidos por un ramal subterráneo construido íntegramente de ladrillos por donde se liberaban los gases de la cámara de combustión de una gran caldera utilizada para mover el generador de una usina eléctrica que proveía la energía necesaria para hacer funcionar a la alcoholera. Del túnel industrial ya se han liberado los dos extremos.

Del extremo en la base de la chimenea ya se han descubierto los primeros 4 metros de túnel, mientras que en la boca que se halla dentro de la cámara de combustión sólo se excavaron 1,5 metros hacia el interior de la construcción debido al delicado estado de conservación que presenta.

El techo del túnel hallado es de forma abovedada, soportado por paredes de unos 40 cm de espesor y se ha podido constatar que, en algunos lugares, ha colapsado.

El punto donde se halló la vieja cámara de combustión se encuentra al límite

Boca del túnel descubierto en la base colapsada de una gigantesca chimenea

del nuevo trazado contemplado para el nuevo acceso que se está construyendo. Por este motivo funcionarios municipales mantienen conversaciones con la empresa que trabaja en el lugar para tratar de salvar dicha construcción. Por otro lado, el extremo que finaliza en la base de la antigua chimenea, al estar retirado de la traza, no presenta inconveniente y las tareas allí están bastante avanzadas.

La intención es recuperar este complejo de túneles de fines del siglo XIX de forma tal que pueda ser integrado al patrimonio arquitectónico histórico de la ciudad ya que se trata de ruinas de una de las primeras industrias que se establecieron en la zona de San Pedro.

Descubren una cueva prehistórica

Fue la guarida de un mamífero fósil del Pleistoceno medio.
Habría sido excavada hace unos 700.000 años.

A 17 km de la ciudad de San Pedro, Buenos Aires, en el poblado de Vuelta de Obligado, fue hallada una cueva subterránea excavada por un mamífero fósil durante el Pleistoceno medio.

El descubrimiento, efectuado días atrás por el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, podría aportar diferentes apreciaciones sobre condiciones climáticas en el momento en que fue construida como así también, datos anatómicos del animal que la excavó.

Debido a la ubicación que ocupa en los estratos de la zona podría tener una antigüedad cercana a los 700.000 años.

Estas “madrigueras prehistóricas” se conocen en paleontología con el nombre de paleocuevas y, en algunos casos llegan a tener varios metros de longitud.

La encontrada ahora en San Pedro mide alrededor de 1 metro de ancho por unos 80 cm de altura y está rellenada con finas láminas de barro solidificado que fueron depositándose en sucesivas inundaciones ocurridas a lo largo de varios  milenios.

Si bien aún no se comenzaron los trabajos en detalle desde el Museo de San Pedro suponen, basados en las medidas que posee la cueva, que tal vez haya sido excavada por un armadillo prehistórico de gran tamaño. Por las dimensiones corporales que poseían son tres los nombres de aquellos grandes armadillos que están siendo considerados como probables: Propraopus, Eutatus y Pampatherium.

Desde el Museo de San Pedro piensan que el constructor de la paleocueva descubierta pudo pertenecer a alguno de estos géneros ya extinguidos.

Descubren los restos fósiles más antiguos de Sudamérica del antecesor de los caballos actuales

Los caballos: breve historia

La historia evolutiva de los caballos que hoy conocemos comenzó hace unos 50 millones de años con la aparición de un pequeño animal llamado hiracoterio. Del tamaño de un perro mediano, este herbívoro fue el primer eslabón de una cadena de cambios producidos a lo largo de millones de años hasta llegar a los caballos actuales, a los cuales se los denomina con el nombre genérico Equus.

La familia de los équidos, de la que forman parte los caballos actuales y sus ancestros, tuvo su época de gloria durante la prehistoria de América del Norte, donde se diversificó en varias especies hasta emprender, hace unos 3 millones de años, el viaje hacia América del Sur a través del recién formado istmo de Panamá.

El registro fósil nos muestra que en América del Sur habitaron dos clases de caballos, que se incluyen en los géneros Hippidion y Equus. A lo largo de su evolución, los integrantes del género Hippidion llegaron hasta el extremo más austral de la Patagonia, en la región de Magallanes –Chile–, mientras que Equus sólo logró llegar hasta los territorios de la actual región pampeana de la Argentina y buena parte de Uruguay.

Hasta hoy, los especialistas en fósiles del Cuaternario sabían que los caballos del género Equus habían arribado a esta zona hace más de 100.000 años, durante la denominada edad Lujanense, y que se extinguieron en Sudamérica, al igual que los del género Hippidion, hace unos 8.000 años atrás, a comienzos del Holoceno. Fue por eso que durante varios milenios América del Sur se quedó sin estos animales. Luego, en nuestra época, fueron reinsertados por los colonizadores españoles que los trajeron del continente europeo, donde nunca habían desaparecido.

Esto es lo que se sabía hasta hoy, pero parte de esta historia cambiará a partir de un reciente hallazgo paleontológico realizado en San Pedro.

El descubrimiento

Personal del Museo Paleontológico de San Pedro ha realizado un descubrimiento que cambiará la historia evolutiva de estos animales: se acaban de hallar molares de un caballo fósil del género Equus en sedimentos depositados hace unos 500.000 años, a comienzos de la llamada Edad Bonaerense, que son 400.000 años más antiguos que los ejemplares de ese género conocidos hasta hoy en la región pampeana. Esto obliga a replantear los estudios sobre estos animales, ya que demuestra que en realidad arribaron a esta zona de Argentina muchos miles de años antes de lo que se suponía.

Al mismo tiempo, el fósil de San Pedro pasa a ser, según la opinión del Dr. Eduardo Tonni, paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, el ejemplar del género Equus más antiguo de Sudamérica debido a que su procedencia estratigráfica está bien clara y su edad puede ser determinada con bastante exactitud. Algo que no sucede con otros fósiles hallados anteriormente en Tarija, Bolivia, cuya capa de procedencia es dudosa y, por lo tanto, su antigüedad es discutible.

Las piezas encontradas son dos molares, lado izquierdo y derecho, de la mandíbula inferior de un caballo del cual se desconoce si corresponde a alguna de las especies conocidas o es, por su antigüedad, una totalmente nueva. A opinión del director del Museo Paleontológico de San Pedro, José Luis Aguilar, esto podría ser posible ya que “a este ejemplar lo separa una gran brecha temporal de los demás fósiles del género Equus conocidos.”

La identificación del fósil

El equipo del Museo Paleontológico de San Pedro no tardó en identificar los molares hallados como pertenecientes al género Equus. Sin embargo, a sabiendas de la importancia paleontológica que cobraría el hallazgo, decidieron consultar las opiniones de especialistas en esta clase de mamíferos.

Las conexiones efectuadas desde el Museo de San Pedro llevaron a entablar relación con los máximos estudiosos de los caballos fósiles sudamericanos. Por un lado, con el Dr. José Luis Prado, paleontólogo que se desempeña como decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Centro, en Olavarría, y por otro con el Dr. Eduardo Tonni, jefe de equipo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, experto conocedor de la fauna fósil de la llanura pampeana y asesor permanente del Museo Paleontológico de San Pedro.

Los dos científicos confirmaron que las piezas dentales correspondieron, efectivamente, a un ejemplar del género Equus, que, para las especies sudamericanas, se incluyen en un subgénero al que se denomina Amerhippus (caballo de América).

Sin embargo, no disimularon su asombro cuando desde el Museo Paleontológico de San Pedro se les comentó acerca de la antigüedad del sedimento donde fueron halladas, que rondaría los 500.000 años.

La historia evolutiva de estos caballos, sus cambios morfológicos a lo largo del tiempo y los movimientos que realizaron en el continente sudamericano están documentados a través de numerosos fósiles hallados en diferentes lugares.

Un hallazgo como éste viene a cambiar gran parte de los conocimientos adquiridos hasta hoy sobre un animal tan relacionado con el hombre.

Determinando la antigüedad del material descubierto

Para calcular la edad del sedimento portador del fósil, el personal del Museo de San Pedro se valió de un descubrimiento anterior realizado en el mismo lugar. En ese sitio aparecieron, hace un tiempo, restos de dos tipos de ciervos extinguidos que coexistieron únicamente durante la edad Bonaerense. Estos ciervos, que se incluyen en los géneros denominados Antifer y Morenelaphus, cohabitaron la región pampeana únicamente durante el mencionado lapso de tiempo. Por lo tanto, al confirmarse que se trataba de estos animales quedó inmediatamente definida la antigüedad de los molares del caballo fósil hallados en San Pedro, ya que se encontraron a escasos metros y en la misma capa de suelo que los restos de ciervos, es decir, en la correspondiente a los comienzos de la edad Bonaerense.

En la identificación de los restos de los ciervos fósiles participó la Lic. Alejandra Alcaráz, única especialista en el país que se halla efectuando una revisión completa de este tipo de mamíferos.

Importancia del descubrimiento

Los restos de caballos fósiles sudamericanos del género Equus conocidos hasta ahora, en esta región del país, provienen, en su mayoría, de la edad Lujanense, que transcurrió desde unos 130.000 años hasta unos 8.000 años atrás. Es decir que, de acuerdo a este registro, estos caballos habían llegado a esta zona durante ese lapso de tiempo.

Los molares descubiertos por el Museo Paleontológico de San Pedro vienen a cambiar radicalmente esta historia, ya que se hallaron en un sedimento muchísimo más antiguo, que se formó hace unos 500.000 años durante la edad Bonaerense y abren la posibilidad de encontrarnos ante el descubrimiento de una nueva especie.

Tanta diferencia entre lo conocido hasta hoy y lo descubierto ahora en San Pedro obliga a los especialistas abocados al estudio de los caballos fósiles a efectuar una revisión de su ingreso a América del Sur y replantear la diversidad de especies dentro del género Equus.

Lugar del hallazgo

Los molares fueron recuperados en una capa de color verde grisáceo que conforma el piso de la Reserva Paleontológica “Campo Spósito”, en el Bajo del Tala, partido de San Pedro.

En este lugar, declarado de Interés Municipal y protegido como yacimiento paleontológico, ya se han recuperado unos diez géneros de mamíferos fósiles que habitaron durante los comienzos de la edad Bonaerense. Los restos de estos fósiles se hallaron en una capa de sedimentos de color verdoso que se formó hace medio millón de años y fue el lecho de un antiguo río hasta que, hace un tiempo, unas excavadoras que trabajaban allí retiraron, sin saberlo, los sedimentos que lo cubrían. Más tarde, los ojos del personal del Museo Paleontológico dieron con un fantástico depósito de piezas fósiles. Este lugar es, sin dudas, una verdadera caja de sorpresas.

En este caso, la erosión producida por las lluvias dejó expuesto un molar que se confundía con las rocas del lugar. En recorrida por el sitio, propiedad de la firma arenera Spósito S.A., se detectó la pieza y comenzaron los trabajos.

A poco de iniciada la excavación en el sitio apareció la segunda pieza dental del caballo fósil.

Los trabajos en el punto del hallazgo continuarán en los próximos días en busca de más piezas del ejemplar que sumen datos a la investigación con el fin de determinar si se trata de una especie desconocida.

Un calentamiento global ocurrido hace medio millón de años

Por Dr. Ricardo Pasquali

Universidad de Buenos Aires

Colaborador del Museo Paleontológico de San Pedro

La capa de sedimentos verdosos en la que se hallaron las muelas del caballo, además de otros numerosos restos fósiles, forman parte de lo que Florentino Ameghino denominó “belgranense continental”. Los sedimentos que lo componen son de origen lagunar y se observan a lo largo de las barrancas del Paraná. Esta capa se formó a partir de un avance de las aguas sobre las zonas continentales como consecuencia de un calentamiento global que ocurrió hace unos 500.000 años, en el inicio de la edad Bonaerense.

Más al sur, también como consecuencia del aumento del nivel del mar, se produjo el avance de aguas oceánicas, las que, al retirarse en épocas menos cálidas, dejaron un depósito con abundantes caparazones de caracoles marinos Este depósito había sido descrito por primera vez en 1857 por el ingeniero en minas francés Auguste Bravard después de haber realizado un estudio sobre una pequeña loma ubicada en el actual barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires, donde afloraba con un espesor de 6 metros. Ameghino denominó a esta capa “belgranense marino”.

En San Pedro y sus alrededores, esta capa verdosa es un rico yacimiento paleontológico y, además, gracias a su color distinto al de los demás sedimentos que se observan en el lugar, permite identificar rápidamente a las capas depositadas durante la finalización de la edad Ensenadense, que se encuentran debajo, y el comienzo de la edad Bonaerense, que se encuentra por encima.

Hallan restos de ballenas

Confirman la presencia del mar en la región hace unos 7.000 años.

En los últimos días el Museo Paleontológico de San Pedro ha recibido algunas piezas fósiles muy interesantes.

En efecto, el Sr. Carlos Boari, contratista de excavaciones y movimientos de suelo, halló restos de una ballena mientras construía un canal artificial con su maquinaria.

Las piezas de este animal se suman a las de otro hallado hace un tiempo en un campo de la zona.

El grupo del Museo Paleontológico de San Pedro, Buenos Aires, Argentina, sabe que hace unos 7.000 años los sectores bajos de la zona norte de la provincia donde vivimos se vieron cubiertos por una ingresión marina que se produjo como consecuencia de un aumento global de la temperatura.

Es decir que, al haber un derretimiento importante de los hielos el nivel de los mares subió varios metros por encima de su nivel actual. Como todo el norte bonaerense presenta ciertas ondulaciones, cada una de las partes “bajas” de dichas ondulaciones (como el Bajo del Tala, en San Pedro; Bajos de Alsina en la localidad de Baradero; Bajo del Arroyo Espinillo camino a Vta. de Obligado, también en San Pedro; Bajo del Arroyo Las Hermanas en partido de Ramallo, etc.) se transformaron durante un tiempo en tranquilas playas con agua salada y fauna marina.

Dentro de esa fauna había ballenas que, en algunos casos, se vararon en aguas poco profundas y murieron sin poder volver mar adentro.

A uno de esos cetáceos corresponden los restos hallados por Carlos Boari mientras trabajaba con su máquina.

El hombre recuperó fragmentos del cráneo, partes de una costilla, un trozo de la mandíbula y una falange completa que puso a disposición del Museo Paleontológico. Personal de la entidad está abocado a la tarea de identificar la especie a la que perteneció el gran animal.

Este hallazgo se suma a otro de restos de ballena efectuado por el Grupo Conservacionista de Fósiles, responsables del Museo de San Pedro, tiempo atrás en una estancia de la zona donde se rescató una pieza ósea que unía una de las aletas con el cuerpo de uno de esos grandes mamíferos marinos. Dicha pieza mide unos 70 cm y pesa unos 20 kg.

En el caso de este último individuo se sabe que perteneció a la especie Balaenoptera physalus o “rorcual común”.

En el sitio donde se encontró esta ballena se realizó un muestreo que determinó la presencia en el lugar de una antigua playa poco profunda y se recuperaron mejillones, arena y decenas de unos pequeñísimos caracoles llamados Litoridina australis de tan sólo 7 mm de longitud.

Este minúsculo caracol hoy habita zonas de aguas poco profundas y salinidad moderada, donde el mar se mezcla con el agua dulce de los ríos que desembocan en él. Playas tranquilas, estuarios de poco oleaje y aguas quietas. Este pequeño molusco nos cuenta cómo era el ambiente donde vivieron y murieron estas ballenas hace decenas de siglos atrás.

Y los restos de estas ballenas, con su silenciosa presencia, nos cuentan cómo fue  la zona hace unos…  7.000 años, cuando el mar llegó a penetrar más de 200 km tierra adentro de su lugar actual.

Un trabajo a largo plazo

Estos hallazgos no son aislados ni mucho menos.

Desde hace un tiempo el Museo de San Pedro viene recopilando datos en diferentes puntos, observando diferentes muestras y piezas fósiles provenientes de los sedimentos que atestiguan aquella ingresión del mar en la zona.

Sitios distantes varios kilómetros uno de otro han aportado conchillas, mejillones, caracoles, restos de mamíferos marinos, arena, etc. que forman parte de un gran rompecabezas que, por lo que sabemos hasta el momento, nos muestra la imagen de varias lenguas de mar cubriendo zonas bajas y entrando muchos kilómetros campo adentro. Esas zonas bajas son aquellas por donde fluyen los arroyos que actualmente recorren esta región del norte bonaerense (Bajo de Alsina, A° Tala, río Arrecifes, A°Espinillo, AºLas Hermanas, etc).

Descubren nidada de huevos fosilizados en la provincia de Buenos Aires

Serían los más antiguos descubiertos en territorio bonaerense.

Una nidada fosilizada compuesta de varios fragmentos de cáscaras de gran tamaño fue hallada a 17 km al norte de la ciudad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, en el interior de una roca.

Habrían sido puestos por un ave de gran tamaño hace unos 780.000 años.

El descubrimiento, absolutamente inusual en esta región de Argentina, fue realizado por el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro en la entrada de una caverna natural de la zona.

Un valioso descubrimiento

Días atrás el personal del Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres” de la ciudad de San Pedro, provincia de Buenos Aires, se encontraba efectuando una serie de fotografías en un sector de barrancas ubicado a 17 km al norte de dicha ciudad. En el sitio existen numerosas cavernas naturales que son consecuencia de la erosión producida por el río Paraná en los sedimentos del lugar.

En la entrada de una de esas grutas naturales divisaron una roca de la cual emergían algunos llamativos fragmentos de material fósil.

Con todo el cuidado del caso los exploradores retiraron dicha roca y la llevaron al Museo Paleontológico.

La sorpresa fue muy grande cuando, después de una minuciosa limpieza del material, observaron que se trataba de los restos de una nidada de huevos fosilizados. Algo totalmente inusual para esa región de Argentina.

El hallazgo

La roca en cuestión contiene alrededor de una docena de fragmentos de cáscaras de un tamaño considerable que seguramente formaban parte del nido de un ave de gran tamaño. Estas cáscaras se encuentran superpuestas en tres “capas” y adheridas a una roca que, a criterio  del equipo descubridor de los fósiles, debió haber sido un sedimento blando que atrapó a los huevos antes de solidificarse.

Por el espesor de las cáscaras, de alrededor de 1 mm, y las dimensiones de los fragmentos, se supone que pudieron pertenecer a alguna especie de ñandú (Rhea sp.) que habitó en la prehistoria de la región o a alguna otra ave de gran tamaño.

Por la disposición que presentan estos huevos fósiles desde el Museo de San Pedro creen que el ave que los  depositó debió anidar en el suelo y no en un árbol dado que todas las cáscaras se conservaron demasiado juntas. Esto no habría sucedido si hubieran caído desde cierta altura, es decir, desde un nido en un árbol.

Importancia de este descubrimiento

Los registros que hablan de huevos fósiles en la provincia de Buenos Aires son extremadamente pocos. Existen huevos encontrados en yacimientos arqueológicos de algunos miles de años pero nunca con la antigüedad de los descubiertos ahora en San Pedro.

Según las primeras apreciaciones efectuadas en los estratos del lugar esta nidada habría eclosionado hace unos 780.000 años atrás, hacia finales de una edad geológica denominada Edad Ensenadense.

Dicha fecha posiciona a estos huevos fósiles como los más antiguos descubiertos hasta ahora en la región pampeana y en el único registro de este tipo existente para ese momento del Pleistoceno de Argentina.

Se descubren las ruinas del antiguo convento franciscano

Son los restos de la construcción que marcó el nacimiento de la ciudad de San Pedro. Datan de 1750 y estaban ocultos en el jardín municipal.

Planos superpuestos

A mediados del año 2005, el Grupo Conservacionista de Fósiles tomó conocimiento, por intermedio del Sr. Eduardo Campos, integrante de la Asoc. Amigos del Patrimonio Cultural, que en algún lugar del jardín interno de la Municipalidad existían, enterrados, restos de lo que fuera la primera construcción oficial del partido de San Pedro: el Convento Franciscano alrededor del cual se desarrolló nuestra ciudad.

Según los datos históricos disponibles su construcción comenzó en 1750 para finalizar diez años más tarde, en 1760.

Este convento fue, sin dudas, el punto de partida de la ciudad de San Pedro.

Sin embargo, en la década de 1880 las autoridades decidieron demoler el edificio para construir en su lugar lo que sería la Comisaría y el Juzgado de Paz, dependencias que más tarde se convertirían en la actual Municipalidad.

Alentados por el hecho de poder incorporar al circuito cultural y turístico local un punto tan valioso para la historia de los sampedrinos se decidió comenzar con los trabajos a fines del año pasado.

Se efectuaron las consultas correspondientes con el Dpto. Ejecutivo y la Secretaría de Obras Públicas, a través del Arquitecto Diego Chediak, con el fin de obtener el permiso necesario para excavar uno de los dos jardines municipales. Dicha autorización fue obtenida de manera rápida e incondicional y se comenzó un pequeño trabajo de investigación previa usando el escaso material histórico disponible que prueba la existencia del antiguo convento.

El Sr. Muñoz, de Amigos del Patrimonio Cultural, aportó copia de un antiguo plano de San Pedro donde figura la vieja construcción en el lugar que hoy ocupa el Municipio, además de bosquejos de la posible apariencia del mismo y, también, copia de una antigua foto donde, detrás de la Iglesia Ntra. Señora del Socorro, aparece una parte del demolido convento franciscano.

El 5 de enero de este año un equipo mixto formado por miembros de Amigos del Patrimonio Cultural y del Grupo Conservacionista de Fósiles (responsables del Museo Paleontológico local) realizó la primera excavación en busca de las presuntas ruinas.

El resultado no se hizo esperar y a poco más de 60 cm de la superficie comenzaron a aparecer los primeros escombros.

Luego de dos tardes de excavación y limpieza del lugar quedó al descubierto una formación rectangular de unos 60cm de ancho por 1 m de longitud de ladrillos partidos que parecía continuar hacia las dos puntas del sector excavado.

Consultado el Lic. Américo Piccagli, del Centro de Estudios Históricos, quien observó el punto en cuestión, coincidió en que esos restos debían ser del viejo convento ya que hay certeza de que posteriormente a la demolición del mismo nunca hubo otra construcción sobre lo que hoy son los jardines del municipio.

Posteriores lluvias demoraron los trabajos en el sitio hasta que el fin de semana pasado se pudo realizar una inspección más detallada del jardín municipal.

Con una varilla metálica se fueron sondeando diferentes puntos del patio usando como punto de referencia los restos ya excavados.

Como resultado de los sondeos se determinó que en un plano ubicado a la misma profundidad que la muestra descubierta existen una serie de líneas de ladrillos que forman, aparentemente, tres cuadrados de 4.50 x 4.50m cada uno.

Según la opinión de este grupo de investigación, se trataría de los restos de  habitaciones o dependencias del antiguo convento franciscano, más precisamente del sector norte del mismo, según el plano existente y la probable orientación del antiguo edificio sobre el predio que hoy ocupa la Municipalidad.

Las ruinas están ubicadas en el lado del patio que da contra el Museo Histórico y se pierden debajo del Salón Dorado y del tapial ubicado en el fondo del jardín municipal.

Estos resultados fueron elevados al Arq. Chediak para evaluar los pasos a seguir y decidir cuánto de los restos podrá ser dejado al descubierto. También se le ha planteado la necesidad de que el Municipio colabore con personal para agilizar las tareas de excavación ya que los trabajos podrían demorar varios meses.

Este es el comienzo de un largo trabajo de recuperación tendiente a descubrir prolijamente las antiguas ruinas para luego ser debidamente expuestas a la vista de sampedrinos y turistas.

El Convento, edificio que marcó el nacimiento de la ciudad de San Pedro, había permanecido, hasta ahora, en las tinieblas de una historia nacida en los lejanos días de la colonia. Hoy vuelve a la luz para ser protagonista de un presente cultural muy prometedor y para enriquecer un circuito educativo que, conjuntamente con Museos y paseos, educa a nuestros hijos y asombra a quienes nos visitan.

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