HOY CUMPLE 14 AÑOS EL MUSEO PALEONTOLÓGICO DE SAN PEDRO

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El 13 de abril de 2003 abrió sus puertas por primera.
Aquel día San Pedro conoció una nueva y novedosa institución fundada por un grupo de sus propios vecinos: el Grupo Conservacionista de Fósiles. Aficionados todos, pero con inmensas ansias de aprender, de conocer y de difundir el patrimonio cultural y científico de la ciudad y sus alrededores.
Muchas cosas pasaron en pocos años…
En el equipo del Museo se gestó la creación de los Museos Batalla de Obligado, Centro de Flora y Fauna, Museo Agropecuario de Castro, Buque Museo “Cdte. Gral. Irigoyen”, Paseo de los Túneles y el Centro de Documentación en la torre municipal (hoy vacío y con todos sus documentos históricos perdidos).
Por el trabajo del Museo se descubrió un yacimiento de fósiles de los más importantes de la provincia en Campo Spósito. Ya se recuperó allí, una colección de 24 géneros de animales que habitaron nuestra zona en su pasado más remoto.
Se analizaron y publicaron unas 300 cartas de la batalla de Obligado, se recuperaron decenas de objetos de aquel combate en conjunto con los vecinos de la localidad y se ubicó uno de los naufragios más emblemáticos de la historia argentina: el “Republicano”.
Se hallaron centenares de fósiles. Muchos, ejemplares únicos. Conformando una de las colecciones modernas de mamíferos fósiles más reconocidas del país.
El grupo conformó un banco de imágenes de las aves de San Pedro con más de cien especies, aportando detalles de la gran biodiversidad que poseemos.
Se investigó en la historia, la paleontología, la biología, la arquitectura histórica y la historia naval.
Recuperó el antiguo pozo de agua del convento franciscano que fundó la ciudad y se rescataron objetos que aún se conservan en vitrinas en el jardín municipal.
Se descubrieron dos yacimientos de culturas originarias de unos 1.000 años de antigüedad. Uno en Vuelta de Obligado y otro en Bajo del Tala.
En estos años se recibió y atendió a miles de alumnos de colegios de toda la región. Escuelas de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba conocieron los fósiles hallados por el Museo de San Pedro.
También son miles los turistas que han recorrido sus salas en estos años.
Concursos, charlas, exposiciones y talleres son actividades complementarias de la vida del Museo. Y una forma de estrechar sus vínculos institucionales en todo el país.
La interacción con científicos de todo el país ha sido una constante desde el primer día. Y la difusión en los medios de comunicación locales, nacionales e internacionales, una premisa del grupo.
El Museo ha participado de congresos, reuniones y jornadas en diferentes ciudades y provincias. En todos lados difundiendo el patrimonio cultural de los sampedrinos.
El equipo ha sido distinguido en el Museo Argentino de Ciencias Naturales; en el Museo de La Plata y, en los próximos días…, será premiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia.
Mucho esfuerzo. Y muchas veces en silencio y soledad. Pero con el firme propósito de hacer siempre las cosas de la mejor forma posible.

El Grupo Conservacionista de Fósiles agradece a todas y a cada una de las personas, instituciones, autoridades, empresas y hombres de ciencia que en estos primeros 14 años de vida de la institución, siempre han apoyado su tarea.
Feliz Cumpleaños, Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”!
14 años de viaje a un pasado fascinante…

Descubren evidencias de un marcado cambio climático hace unos 700.000 años

Fósiles hallados en San Pedro revelan condiciones de aridez muy diferentes a las que hoy predominan en la región pampeana

 

El equipo del Museo Paleontológico de San Pedro ha recopilado evidencias de un marcado cambio climático sucedido hace más de 700.000 años que modificó, notablemente, la composición de la fauna que habitaba la llanura pampeana en aquel momento.

A punto de ser desintegrados por la erosión de los agentes naturales, Julio Simonini, José I. Verdón y José L. Aguilar, miembros del Museo de San Pedro detectaron fósiles de tres géneros de roedores cuyas preferencias climáticas se ubican en ambientes con condiciones claramente más frías y áridas que las que posee la región, actualmente.

Dolichotis, Microcavia y Ctenomys

Ciertos animales son excelentes indicadores de cómo era el clima en su hábitat durante épocas remotas debido a que necesitan condiciones de temperatura y humedad acotadas para poder establecerse en un área y desarrollar su vida con normalidad.

En este sentido, los fósiles descubiertos en San Pedro pertenecen a tres géneros de roedores que hoy son característicos de ambientes áridos que hoy caracterizan a las regiones patagónica y central: Dolichotis (mara o liebre patagónica), Microcavia (cuis chico) y Ctenomys (tucu-tuco).

 

Dolichotis, nombre científico de la mara o liebre patagónica, es un roedor de unos 8 a 12 kilogramos que habita planicies semiáridas en el Oeste y Sur de nuestro país y sectores desérticos ocupados por arbustos xerófilos bajos donde halla refugio para resguardar a sus crías. Se alimenta de pastos y posee una gran resistencia a la falta de agua gracias a su metabolismo. Es muy común en casi toda la región patagónica.

De este animal se recuperó una rama mandibular completa con dentición.

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Microcavia australis o “cuis chico”, es el pariente sureño del cuis que hoy conocemos en la provincia de Buenos Aires. Este pequeño roedor, perteneciente a la familia Caviidae, igual que las maras, pesa unos 300 gramos y mide entre 18 y 22 centímetros. Se alimenta de pastos y brotes tiernos, así como de ciertos frutos silvestres. Cava galerías donde forma comunidades de varios individuos.

Es un notable indicador de ambientes dominados por la aridez.

Se halló parte de un maxilar superior incompleto.

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Ctenomys o “tucu-tuco”, es un género de roedor endémico de Sudamérica compuesto por numerosas especies que habitan, por lo general, regiones con suelos preferentemente sueltos y áreas abiertas donde excavan galerías habitadas por un macho, mayormente solitario.

De este roedor se halló una rama mandibular incompleta.

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Un cambio climático de hace 700.000 años

Vivimos en un mundo donde se ha comenzado a hablar de un cambio climático que podría modificar nuestra forma de vida o la distribución de las especies.

Sin embargo, el registro fósil indica que el planeta ha estado en permanentes cambios y fluctuaciones que han modificado los valores de temperatura, humedad y composición de la fauna, la cual se moviliza de acuerdo al cambio de sus hábitats y la disponibilidad de alimentos vinculados a dichos cambios.

Los fósiles descubiertos en San Pedro fueron hallados en sedimentos correspondientes a la última parte de la Edad Ensenadense o “Ensenadense cuspidal”, un lapso del Pleistoceno que se caracterizó por marcados cambios.

Dichos sedimentos, de acuerdo a la mayoría de los autores, se depositaron entre unos 0,5 a 0,7 millones de años en gran parte de la provincia de Buenos Aires, siendo detectables, para la zona de San Pedro, al pie de las barrancas que se ubican en la margen derecha del río Paraná.

José Luis Aguilar, fundador del Museo sampedrino, sugiere que “el hecho de encontrar tres roedores que hoy habitan regiones semiáridas en amplias zonas de nuestro país revela condiciones muy diferentes a las que poseemos actualmente en la llanura pampeana donde predomina clima con marcadas condiciones de humedad que lo hacen inviable para estas especies.

En el caso de las maras o liebres patagónicas, su hallazgo no deja dudas de que el norte bonaerense llegó a tener un grado de aridez muy marcado y muy similar al que hoy podemos observar en el norte de la Patagonia, donde este roedor tiene una importante presencia”.

Por su parte, el Dr. Eduardo Tonni, Jefe de Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de La Plata y una autoridad en paleoclima de nuestro país, opina que “tanto Dolichotis como Microcavia son claros indicadores de condiciones áridas a semiáridas pero no necesariamente frías. Por su parte, Ctenomys, también señala condiciones áridas o semiáridas aunque sean locales pero no frío, ya que también se lo encuentra actualmente en la Mesopotamia y región chaqueña. Una glaciación en cordillera ocurrida en torno a los 700 mil años, provocó el desplazamiento oeste-este de especies adaptadas a ambientes fríos y áridos. Este desplazamiento debió haber generado también uno sur-norte en el cual se habrían movilizado las especies halladas en San Pedro”.

Dos registros fotográficos de Carpinteros blancos en San Pedro

Fueron tomados por integrantes del Grupo Conservacionista en Obligado y Bajo del Tala

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 Son aves muy bellas. De color blanco en su cabeza y en la parte inferior de su cuerpo, y negro en alas, lomo y cola. Sus ojos están rodeados por un amarillo intenso, que se repite en vientre y nuca, salvo en las hembras que no poseen la mancha amarilla detrás de la cabeza.

 Por su vistoso plumaje, suelen ser comercializados como mascotas, hábito que llevó a la especie a figurar en las listas de aves en riesgo.

 Habita gran parte de Sudamérica y, en nuestro país, se distribuye desde Formosa hasta el noreste de Buenos Aires.

 Frecuenta islas, esteros, sabanas y montes, donde anida acondicionando troncos secos o ahuecados a los que termina de agujerear con su fuerte pico.

 No suele superar los 23 a 25 centímetros de longitud y posee un vuelo pausado, característico de esta familia tan particular de aves.

 Su alimento se basa en insectos (hormigas, hormigas aladas, termitas, avispas, etc.) y ciertos frutos.

 En estos días, Germán Tettamanti y Fernando Chiodini, ambos integrantes del Grupo Conservacionista de Fósiles, lograron dos registros de estas curiosas aves en diferentes puntos de nuestro partido.

 Tettamanti fotografió un ejemplar en la zona de Vuelta de Obligado, donde se los ha visto en pequeños grupos de 5 a 7 individuos; mientras que Chiodini registró la presencia de uno de estos vistosos pájaros en el cerco que rodea a la Reserva Paleontológica “Campo Spósito”, en Bajo del Tala.

 Las fotos logradas se sumarán al “Banco de Imágenes de las Aves de San Pedro”, que está disponible en http://www.gcfsanpedro.wordpress.com

El Grupo Conservacionista de San Pedro invitado a disertar sobre la Reserva Paleontológica “Campo Spósito”

Fue en el marco de las “IV Jornadas Paleontológicas del Salado”

El equipo del Museo Paleontológico de San Pedro fue invitado a participar de las IV Jornadas Paleontológicas del Salado, en la ciudad de Junín, organizadas por el Museo “Legado del Salado”, de dicha localidad bonaerense.

Hasta allí se llegaron José Luis Aguilar y José Ignacio Verdón, miembros del GCF, para narrar el descubrimiento e importancia científica del principal yacimiento hallado en San Pedro.

La jornada comenzó con una salida de campo a las inmediaciones del río Salado, donde el Prof. José M. Marchetto, junto a otros integrantes del museo juninense detallaron las características de los fósiles de la zona. Más tarde, el encuentro continuó con una serie de exposiciones ofrecidas por Federico Agnolin (aves fósiles) y Marcelo Isasi (técnicas de preparación), ambos técnicos del Laboratorio de Anatomía Comparada del Museo Argentino de Ciencias Naturales; integrantes del Museo de Ciencias Naturales “Lucas Kraglievch” (cantera en Marcos Paz) y el Grupo Conservacionista de San Pedro (yacimiento en Bajo del Tala).

Los sampedrinos narraron detalles del descubrimiento de Campo Spósito, importante yacimiento de fósiles hallado en noviembre de 2001, describiendo el listado de los 23 géneros de animales recuperados en el lugar, los pormenores que permitieron establecer que el sitio fue un río prehistórico, la destacable voluntad de Empresa Spósito de preservar el área, la difusión del patrimonio paleontológico que allí se preserva y la tarea de concientización que se realiza con colegios de toda la zona.

Descubren restos de un mamífero fósil atacados por termitas prehistóricas

Son restos de un Toxodon, animal que habitó la llanura pampeana durante el Cuaternario. Fueron hallados en una cantera a 3 kilómetros de San Pedro

La excavadora de la empresa extraía toneladas de tosca en el predio ubicado a 3 kilómetros de la ciudad de San Pedro. Decenas de metros cúbicos se cargaban en los camiones que aguardaban con sus cajas vacías, la carga que luego se distribuiría en caminos o basamentos de construcciones de la zona.

El  Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo que coordina el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, recorría el lugar, cuando uno de sus integrantes, Matías Swistun, observó que la pala de la retroexcavadora estaba a punto de romper “algo” que afloraba en el corte artificial de terreno.

El equipo solicitó a la empresa unas pocas horas para poder resguardar el fósil que acababa de asomar entre las rocas. En poco tiempo, pudieron observar que ese “algo”eran los restos fosilizados del brazo de un Toxodon, un gran mamífero que habitó la llanura pampeana hasta hace unos 8.500 años atrás.

Sorpresa en el Museo

Una vez que los restos fosilizados llegaron al Museo, se les realizó la preparación habitual para poder observar detalles, identificar las piezas y evaluar su potencial valor científico. Sin embargo, los fósiles recuperados reservaban una sorpresa…

Entre los huesos había tres enormes falanges de los dedos del animal, algunos metápodos que conformaban la mano del mamífero, la ulna (cúbito, en los humanos) y el radio.

Pero el detalle que atrajo la atención del equipo del Museo fueron unas extrañas marcas presentes en los huesos del antebrazo del animal, que mostraban, claramente, señales de haber sido devorados por algún animal prehistórico.

Las marcas de las mordidas, distribuidas en diferentes sectores de la superficie del fósil, se presentan en patrones con forma “estrellada”, con líneas radiales que parten desde un mismo punto. Dicho patrón se repite en varios sectores y son notorias a simple vista. A su vez, algunas se agrupan o superponen unas con otras, conformando una especie de “mancha” calada en el hueso fosilizado que las hace más notables aún, comenta José Luis Aguilar, Director del Museo de San Pedro.

 

¿Quién las causó?

Este tipo de marcas son extremadamente raras ya que, las que se han observado en otros casos en nuestro país y el mundo, son claramente más pequeñas, siendo, algunas, hasta microscópicas. En el caso del fósil de San Pedro, el tamaño de las mordidas es muy considerable.

Para la evaluación de este particular descubrimiento, el equipo del museo sampedrino interactuó con diferentes investigadores de nuestro país y cotejó  las muestras con otras descubiertas en lugares tan distantes como Etiopía, Tanzania y Sudáfrica donde, décadas atrás, se han registrado ataques de insectos sobre huesos fósiles de humanos y animales.

El Dr. Eduardo Tonni, Jefe del Depto. Paleovertebrados del Museo de La Plata, y la Dra. Mariela González,del Instituto INCUAPA-CONICET (Facultad de Ciencias Sociales -Universidad del Centro, Olavarría), contribuyeron con sus opiniones y experiencia en el análisis de este tipo de materiales.

Ambos coincidieron en que las marcas corresponden al accionar de insectos, aportando bibliografía que muestra modificaciones similares producidas por termitas en estudios internacionales. A partir de este intercambio de datos, el equipo del Museo de San Pedro comenzó a relevar la existencia de termitas en esta área en tiempos prehistóricos.

Un insecto que no existe en la región

Actualmente, la familia Termitidae, de la que forman parte estos voraces insectos, se ha retirado de la provincia de Buenos Aires, ocupando zonas por encima del paralelo 32, donde predominan condiciones de clima subtropical.Sólo existe una pequeña población en las sierras de Tandil y otra en península Valdez, Chubut, que podrían ser grupos relictuales de épocas pasadas.

La desaparición de las termitas en la provincia de Buenos Aires se produjo en algún momento durante la Edad Lujanense (8.500 a 128.000 años), el mismo lapso geológico del que proviene el fósil hallado en San Pedro. Esta época, a finales del Pleistoceno, experimentó variaciones climáticas muy marcadas,  generando condiciones que no fueron las propicias para que se mantuvieran las poblaciones de estos insectos.  

Justamente, la comparación de formas y tamaños con otros casos en el mundo realizada desde el Museo Paleontológico de San Pedro, permitió establecer como principales responsables a estos insectos del infraorden Isoptera, al que pertenecen las termitas.

Desde el Museo Paleontológico de San Pedro, Aguilar, explica que “Las marcas de mordidas en los fósiles hallados en San Pedro permiten sumar un registro muy valioso para los especialistas que estudian los insectos, su comportamiento, distribución y hábitos climáticos en épocas remotas a través del análisis de los fósiles. Una oportunidad verdaderamente escasa en la paleontología del Cuaternario sudamericano.”

San Pedro: Recuperan un mástil que podría haber pertenecido al histórico buque “Republicano”

Tiene herrajes del siglo XIX y fue extraído por un pescador hace 20 años en el mismo punto donde se detectó hundido al barco que defendió las cadenas de Obligado

Hace unos 19 años, Jorge Villar, un conocido pescador de Vuelta de Obligado, enganchó accidentalmente su red en un sector ubicado en medio del río Paraná, frente a las costas del pequeño poblado ubicado a 19 km al norte de la ciudad de San Pedro.
En aquel momento, Villar, junto a un par de vecinos, tironeó con su lancha intentando recuperar su herramienta de pesca. Después de varios intentos logró desprenderla…pero trayendo a la superficie un mástil de madera de gran porte.
Así las cosas, decidió acercarlo a la orilla y trasladarlo hasta el patio de su casa, lugar donde quedó depositado durante todos estos años…

Comienzan los interrogantes

En los últimos meses, al descubrirse en el mismo sector del río, los restos sumergidos del buque “Republicano”, el hallazgo de Villar comenzó a tomar gran relevancia para el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro.
Los autores de la localización del histórico buque, observaron que, al pasar el sonar sobre el naufragio, éste mostró que al barco hundido le falta uno de sus mástiles, el de proa. Es decir, el que originalmente estaba en el sector más perjudicado por la explosión inducida por su capitán Tomas Craig al quedarse sin municiones.

En los días posteriores al hallazgo del naufragio, desde el Museo se comenzó a pensar en la posibilidad de que el mástil extraído por Villar fuera, muy posiblemente, el que faltaba en el naufragio.
Inmediatamente se tomó contacto con Osvaldo Villar, hijo del fallecido pescador, para comprobar si el viejo mástil aún existía.
Al tanto del descubrimiento del naufragio y, consciente de la posible importancia histórica del objeto recuperado por su padre años atrás, no dudó en permitir que el Museo realizara las tareas necesarias para poner a cubierto lo que quedaba del antiguo y corroído mástil.

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La recuperación

Debido al alto grado de deterioro de la madera, se tuvo que idear y construir una especie de “camilla” de acero de unos 6 metros de longitud, a la medida del objeto que se pretendía recuperar.
Esta tendría unas “garras” metálicas que pasarían por debajo del palo sin tocarlo y éste terminaría quedando depositado sobre una larga plancha de hierro. Luego se ataría el mástil al dispositivo, disponiendo cabos cada un metro, a los efectos de inmovilizarlo en toda su longitud.

Como primer paso se liberó al mástil de la tierra y vegetación que lo rodeaba, ya que su propio peso, con el paso de los años, lo había adherido al terreno. Esta tarea demandó dos días de cuidadosa limpieza.

En la tercera jornada se trasladó la camilla hasta el lugar, se presentó y se acomodó para que entrara justo debajo del mástil, pasando las planchuelas por debajo y atando cada una de forma firme pero cuidadosa rodeando el palo.

Una vez posicionado y asegurado, se procedió a mover el conjunto para sacarlo del lugar donde estaba y poder, así, subirlo al transporte que lo esperaba para ser trasladado hasta el Museo Paleontológico de San Pedro, debido a que en esos días (enero de este año), el Museo de la Batalla estaba amenazado por la inundación que afectó a toda la zona.

Dadas las dimensiones y estado del elemento recuperado se solicitó la colaboración de una firma transportista, la cual puso a disposición un camión de las características necesarias para el traslado.
El palo se colocó sobre el transporte inmovilizándolo con cuerdas a los laterales del mismo y amortiguando las vibraciones con la colocación de decenas de lienzos debajo del mástil.

El traslado se cumplió con éxito, transitando los 19 km que separan Vuelta de Obligado de San Pedro en 1 hora y media de lento pero cuidadoso recorrido.
La construcción de la camilla de soporte permitió que, al arribar al Museo, se lo pudiera bajar en óptimas condiciones, participando de la meticulosa maniobra 15 personas, entre integrantes del Museo y voluntarios que colaboraron en el traslado.

Cuidados finales

Finalmente, el mástil quedó depositado en el patio interno de la institución, inmovilizado sobre su camilla de soporte y envuelto totalmente por un manto de polietileno negro de 200 micrones que lo aisló del entorno durante los últimos meses.
Mientras tanto, la empresa Papel Prensa S.A. cedió al Museo un envase de madera acorde a las necesidades del gran objeto. Una vez recibido, dicho envase se impermeabilizó con barnices para darle resistencia a la humedad y se ubicó en él, al histórico elemento.

En los próximos días, el equipo del Museo Paleontológico pasará el mástil a manos de la Municipalidad de San Pedro para que ésta determine los pasos necesarios para la conservación del mismo y su traslado al Museo de Sitio “Batalla de Obligado”, lugar al que pertenece.

Observaciones del Museo

Basados en las características físicas del mástil hallado, el contexto histórico del lugar donde se lo recuperó y los detalles geográficos conocidos para ese sector, desde el Museo Paleontológico de San Pedro deducen algunos puntos referentes al descubrimiento:

1-El gran mástil, actualmente muy erosionado por los agentes climáticos, fue tallado en base a dos tramos de un gran tronco de conífera que aún conserva los duros nudos de la madera. Abrazando la gruesa silueta, tres grandes anillas de hierro forjado de forma octogonal, de 7 centímetros de ancho, 10 mm de espesor y un diámetro de 50 centímetros, eran las encargadas de mantener unidos a los dos tramos de madera con los que fue construida esta gran pieza naval.
Sobre la primera y la tercera anilla, se observan pernos de sección cuadrangular, quebrados en sus puntas, por lo que se infiere que llevaban, considerando su posición en el palo, una argolla en los extremos faltantes para amarrar cabos del velamen.
Todos los herrajes observados en el cuerpo del mástil poseen las características propias de la herrería del siglo XIX.

2-Indudablemente, la presencia de las tres anillas de hierro forjado y su rudimentaria forma octogonal brindan un elemento de época muy interesante aportando, a la vez, una posibilidad de comparación excelente si en algún momento se logra filmar o extraer el mástil que aún posee el buque que permanece sumergido. En ese momento deberían apreciarse otras tres anillas iguales a las del palo recuperado.

3-El sector del río donde se recuperó el mástil, el mismo donde hoy se sabe que está hundido el “Republicano”, presenta fondo arenoso-fangoso, ligeramente ondulado, sin elementos que interrumpan la topografía del relieve. No existen árboles, ni otros naufragios visibles hasta el momento, ni se han observado restos algunos que confundan esta interpretación. La ausencia de otras estructuras que pudieran poseer este tipo de mástiles y la comprobada existencia en el lugar del casco sumergido del buque al que le falta precisamente uno de sus palos, lleva al equipo del Museo a suponer que el objeto en cuestión es parte del naufragio detectado recientemente.

4-De acuerdo a lo descripto previamente y considerando las características de la lancha con la que Villar logró liberar este mástil, se cree que se trata del mástil de la sección anterior del “Republicano”. Seguramente, al haber sido la mitad del casco que mayores daños sufrió con la explosión que le provocó el hundimiento, el mástil fue duramente golpeado y tal vez quebrado en su base, quedando tan débilmente unido a la estructura como para poder ser liberado por una embarcación pequeña como la de Villar.

Las presentes consideraciones, llevan a deducir que, debido a sus dimensiones, características físicas, características de construcción, punto del hallazgo y contraste con las imágenes de sonar, el palo extraído accidentalmente por Jorge Villar, tiene todas las posibilidades de ser el palo trinquete del bergantín “Republicano”, buque que defendió las cadenas durante el combate de Vuelta de Obligado, en noviembre de 1845, hasta las 12.15 hs, momento en que se hundió en medio de una gran explosión que quedó registrada en las crónicas anglo francesas.

Por todo lo expuesto, desde el Museo se considera haber contribuido a salvar de su desaparición a un elemento que, tal vez, cobre gran relevancia futura como parte de nuestro patrimonio cultural. Asimismo, la institución agradece a las empresas Ramón Rosa SA, Transporte García e hijo y Papel Prensa SA, por su colaboración para que este resguardo fuera posible.
Y muy especialmente, a la familia de Jorge Villar por comprender que el patrimonio cultural de una sociedad se construye con el aporte de todos.
Desde ahora, los investigadores tienen acceso a un excelente material de estudio que permita seguir develando datos de una de las batallas más emblemáticas de la historia argentina.

AGRADECIMIENTOS A LAS PERSONAS Y EMPRESAS QUE COLABORARON CON LA TAREA DEL MUSEO:

Hugo Albanese, Juan López, Ezequiel Camarasa, Victor Gatti, Carlos Vellani, Fabián Pezzelato, Juan Ignacio Zarlenga, Bruno Zarlenga, Germán Tettamanti, Gabriel Tettamanti, Ignacio Verdón, Juan Pablo Torres, Osvaldo Villar, Juan José Zarlenga, David Tettamanti, Diego Rodolfo Arregui, Matías Swistum, Javier Saucedo, José Luis Aguilar, Felipe Aguilar, Ramón Rosa S.A., Transporte García e Hijo, Pinturería Avenida, Ferretería Nación, Ferretería Madero, Papel Prensa S.A.

Año 1744: 62 apellidos que poblaron San Pedro

En un nuevo aniversario de San Pedro Ciudad, el Grupo Conservacionista publica el contenido de uno de los primeros censos realizados en nuestra zona

 

En el año 1744 aún no existía el Virreinato del Río de La Plata.  El cargo de Virrey recién se estableció en 1776, siendo el primero en cubrir esa función, Don Pedro de Cevallos.

La extensa comarca que limitaba con la Araucanía, el Alto Perú y las Colonias Portuguesas estaba regida por un Gobernador y Capitán General, designado por el Rey de España. La población de Buenos Aires, era de apenas 9.568 habitantes.

Aquí, en el “Rincón de San Pedro”, aún no se había construido el Convento Franciscano pero sus primeras casas comenzaban a asomar en la llanura.

En dicho año de 1744,  por disposición del Alcalde Provincial José Ruiz de Arellano, fundador de la localidad de San Antonio de Areco, con orden del Cabildo de Buenos Aires, se realizó un censo que cubrió toda la zona norte de nuestra actual provincia, comprendiendo el Rincón de San  Pedro, El Espinillo y Arroyo del Tala.

El Sr. Roberto Young, colaborador del Grupo Conservacionista, en visita al Archivo General de la Nación, observó que el censo en cuestión había sido digitalizado recientemente. Con esta información, los integrantes del Museo Paleontológico solicitaron el acceso a dicha documentación histórica al Departamento de Documentos Escritos del Archivo General de la Nación. De esta forma, una vez obtenidos, los ocho folios digitalizados fueron desglosados para extraer la información estadística de nuestra zona a mediados del siglo XVIII.

Datos del censo

En los documentos se observan los nombres y apellidos de las personas que componían las familias que habitaban la zona. Éstos se complementan con detalles de procedencia, edades, datos de cónyuges e hijos, lugar que habitaban y sus ocupaciones. También, si las familias convivían con esclavos, mulatos o aborígenes.

Los datos están centrados en las tres zonas fundacionales de la población del partido: Arroyo del Tala, Rincón de San Pedro y El Espinillo.

En el sector de Arroyo del Tala existían 18 viviendas; en el Rincón de San Pedro, otras 18 viviendas; y en El Espinillo, tan sólo 5 viviendas, censadas todas por orden de Arellano.

De las ocupaciones se desprende que la mayor parte de los jefes de familia censados, realizaban tareas rurales, diferenciadas éstas en labranza de la tierra y cuidado del ganado, principalmente, vacuno y caballar.

También se observan personas que desarrollaban trabajos temporales o “changas” en las diferentes casas y estancias de la zona, a las que se refiere con el término de “conchabados”.

En cuanto a las edades de los jefes de las familias censadas se registra un promedio cercano a los 33 años, con raras excepciones que superaban los 50.

Los habitantes de las viviendas eran mayormente numerosos, si se tiene en cuenta que convivían los jefes de familia con sus hijos, la servidumbre y familiares de ésta.

Los 62 apellidos del año 1744

Es lógico deducir que analizando este padrón se pueden conocer los apellidos más antiguos que se establecieron en nuestro partido, muchos de los cuales se siguen registrando actualmente. Otros, en cambio, no son comunes o directamente no tienen presencia en San Pedro y sus localidades.

De la lectura de los documentos se puede realizar el siguiente listado:

Piñero, Cuytiño, Luján, Carrizo, Gutiérrez, Lemus, Ponce, Cisneros, Oliveros, Maldonado, Santa Cruz, Barco, Bravo, Galván, Zeliz, González, Falcón, Bargues,  Jaimes, Leyos, Cárdenas, Ruiz Díaz, Quintana, Ávalos, Belén, Álvarez, Tabarez, Saavedra, Rodríguez, Romano, Gómez, Moreno, Carabajal, Almada, Irala, González, San Martín, Cabrera, Sosa, Nardone, Peralta, Mena, Zapatero, Silva, Zerrato, Flores Valenciano, Chaparro, Andrada, Artaza, León, Muñoz, Olaso, Acosta, Moreyra, Rozas, Díaz, Basualdo, Benavídes, Córdoba, Cardozo, Aranda y Vicencio.

Algunos datos de José Ruiz de Arellano

Casado en primeras nupcias con Rosa de Giles de Monsalvo, destinó un terreno para la construcción de una parroquia, en advocación de San Antonio de Padua. Su esposa fallece en 1736 y contrae segundas con María Teodora de Suero y Giles -sobrina de su primera esposa-, en 1737.

Se reconoce el 23 de octubre de 1730 como fecha de fundación de San Antonio de Areco, pues se crea la parroquia del pueblo, por disposición del cabildo eclesiástico de Buenos Aires.

Ruiz de Arellano, falleció en 1752, y sus restos descansan en la iglesia de La Merced, en la ciudad de Buenos Aires

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  • Memorias del Combate 0001 Hallan una crónica inédita de la Batalla de Obligado Fue descubierta entre las memorias del Teniente Coronel Nicanor Lescano, oficial del ejército afectado al bloqueo de Montevideo en 1845. Correo de la Batalla 10 Cartas previas al armado del “Tonelero” y la “Vuelta de Obligado”
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