Fósil descubierto en San Pedro cambiará el rostro de una especie

Es el ejemplar de armadillo gigante más completo en su tipo. Modificará conceptos vigentes desde la época de Florentino Ameghino.

La ciudad de San Pedro se encuentra ubicada a unos 170 kilómetros al norte de Buenos Aires, Argentina. Allí funciona el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, institución que atesora una importante colección de mamíferos fósiles del Cuaternario pampeano.

 La ardua tarea de concientización realizada en la zona ha permitido que en los últimos días, se lograran rescatar del accionar de las excavadoras de una cantera uno de los restos más completos conocidos hasta hoy de un armadillo gigante de la especie Neosclerocalyptus ornatus.100_0968

 La alerta la dio Fausto Capre, un operario de la empresa “Tosquera San Pedro SA”, cuando advirtió “ciertos fragmentos que despertaron su curiosidad”.     Sin perder tiempo, el equipo del Museo Paleontológico de San Pedro se llegó hasta el lugar debido a que la cantera se haya en actividad y operando permanentemente. No había tiempo que perder…

 Allí, en un gran trozo de terreno removido por la retroexcavadora asomaban una serie de piezas fosilizadas. Se trabajó sin pausa hasta lograr trasladar los restos en riesgo al taller del Museo, lugar donde aún están siendo acondicionados.

 Si bien recién se han realizado las primeras observaciones, el fósil hallado presenta el cráneo más completo descubierto hasta hoy de la especie Neosclerocalyptus ornatus, hasta el punto que algunos de los detalles revelados por este fósil podrían modificar aspectos evolutivos de esos animales.

 Debido a su excelente estado de conservación, el cráneo de este ejemplar hallado en San Pedro introducirá cambios en el rostro de una de las especies características de la fauna fósil de la región pampeana.

 Según la opinión del Dr. Alfredo Zurita, investigador del CONICET y del CECOAL (Centro de Ecología Aplicada del Litoral, Corrientes), que estudiará el fósil hallado, “se trata de un ejemplar de Neosclerocalyptus ornatus, especie originalmente reconocida por el naturalista inglés Richard Owen. Estos animales habrían habitado las pampas hasta hace unos 500.000 años y hasta el momento, sólo se conocían dos cráneos de esta especie, con el inconveniente de que ambos están restaurados parcialmente y no sabemos si esas restauraciones se correspondían con la forma real que tuvo esta especie, especialmente en la región nasal, que es la que más interesa. “

Una característica única en estos pequeños gliptodontes era la presencia de una especie de zona “globular” en la región más anterior del cráneo, a nivel de los huesos nasales. En las especies más antiguas (Ej.: Neosclerocalyptus pseudornatus), esta zona aparecía poco desarrollada, pero se hacía más notable en las especies más modernas, hasta alcanzar un tamaño sumamente considerable, como se aprecia en la especie Neosclerocalyptus paskoensis.

 Nadie sabe a ciencia cierta cuál era la función de esta estructura tan particular. Se ha hipotetizado que probablemente constituya una adaptación a los climas fríos y áridos/semiáridos típicos del Pleistoceno, aunque la cuestión sigue abierta y el misterio sin resolver.

 Una de las  mayores problemáticas es que esta estructura, al ser de constitución muy delicada, tiene relativamente pocas posibilidades de preservarse intacta, por lo que no fueron muchos los ejemplares de este género (Neosclerocalyptus) que lo conservaron completo.

 El fundador y director del Museo de San Pedro, José Luis Aguilar, señala que: “Desde tiempos de Florentino Ameghino (hace más de 120 años), los científicos trabajaron los modelos evolutivos de estos pequeños gliptodontes basándose en los cráneos existentes, los cuales poseían reconstrucciones en sus zonas nasales que no podían ser corroboradas con la realidad.

 Sin embargo, esta problemática será resuelta a partir de este nuevo descubrimiento efectuado en el subsuelo de San Pedro, un hallazgo que modificará esos patrones morfológicos que se manejaban desde épocas de Ameghino.”

 Si bien el fósil está en pleno proceso de limpieza y restauración, una vez efectuadas estas tareas se podrá conocer la morfología real que tenía la región frontal del rostro de esta especie. Esto a su vez brindará mucha información acerca de las relaciones existentes entre las especies conocidas de este género. Esto es así porque las especies se diferenciaban, fundamentalmente, por las variaciones morfologías en el área nasal.

Desde el Centro de Registro Arqueológico y Paleontológico de la Provincia de Buenos Aires, el Lic. Fernando Oliva destaca “el valor del trabajo de concientización que viene desarrollando el Museo de San Pedro y el gesto del joven Fausto Capre de avisar inmediatamente a las autoridades del museo”. En este sentido recuerda que “es fundamental, en caso de hallazgo fortuito de estos materiales científicos, no moverlos del lugar y poner en conocimiento al equipo del museo local inmediatamente.”

Cuadro comparativo:

 En las figuras de la página siguiente se observan cráneos de las tres especies del género: N. pseudornatus, N. ornatus y N. paskoensis.

 Entre la más antigua (N. pseudornatus) y la más moderna (N. paskoensis) se ubicaría el ejemplar fósil hallado en San Pedro (N. ornatus).

 En el centro del cuadro se observa uno de los cráneos existentes hasta hoy con su región rostral restaurada. Las observaciones preliminares de la zona rostral del fósil descubierto en San Pedro han avizorado notables diferencias.

 Recién pasados 168 años desde que el naturalista inglés Richard Owen fundara la especie se podrá conocer la verdadera morfología de la región nasal de estos animales.

Figura Glipto San Pedro-modif

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Descubren un grupo fosilizado de cuatro armadillos gigantes

Fueron hallados en San Pedro, a 170 km. de Buenos Aires.

Los fósiles estaban agrupados en una capa sedimentaria depositada hace unos 750.000 años.

UN HALLAZGO MUY ESPECIAL: sus características

La pala de la retroexcavadora cortó la tosca, cargó su pesada carga y la depositó a pocos metros. Desde la cabina, el ojo entrenado de Fausto Capre, maquinista de la Empresa “Tosquera San Pedro”, propiedad de la familia Iglesias, observó algo inusual.  Al acercarse vio algunos fragmentos blancos y negros que delataban la presencia del fósil.

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 El joven Capre no tardó en llamar al Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo del Museo Paleontológico de San Pedro.

Una vez en el lugar, el grupo halló partes de corazas, algunas vértebras rotas y varios tubos caudales de armadillos gigantes removidos de una capa de suelo de más de 750.000 años de antigüedad. Pero la gran sorpresa estaba en un enorme trozo de tosca separado por la máquina que contenía fémures de diferentes individuos y un ejemplar muy completo de estos extintos mamíferos.

Tres días de trabajo demandó el acondicionamiento del bochón de tosca para poder subirlo a la camioneta y transportarlo hasta el Museo.

La preciada roca develó la presencia, en su interior, de muchos restos de Neosclerocalyptus ornatus, un mamífero acorazado del grupo de los gliptodontes (armadillos gigantes de caparazón rígido) cuya masa corporal rondaba los 250 kg.

Estos pesados animales poseían su cuerpo envuelto en una coraza de unos 2 cm de espesor, desde la cabeza hasta la punta de la cola. Sus manos, terminadas en fuertes uñas, estaban capacitadas para escarbar en busca de raíces y tubérculos, los cuales formaban parte de su dieta herbívora. Neosclerocalyptus fue un habitante de los típicos espacios abiertos de la llanura pampeana durante gran parte del Pleistoceno inferior y medio, áreas cubiertas por pastizales similares a los de la gran sabana africana actual.

 

OPINIONES TÉCNICAS 

Según el Dr. Eduardo Tonni, Jefe División Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de La Plata y asesor del Museo Paleontológico de San Pedro, “la llanura pampeana de aquel entonces se desarrollaba bajo condiciones predominantemente áridas a semiáridas, con pastizales de tipo estepario, las cuales dejaban al descubierto partes del suelo. Justamente, las especies de Neosclerocalyptus que se suceden en el tiempo, muestran una creciente adaptación a los ambientes áridos que llega a su máxima expresión en la especie Neosclerocalyptus paskoensis que vivió durante el Pleistoceno superior y el Holoceno inferior (entre 125 mil y 8 mil años antes del presente)”.

El Dr. Alfredo E. Zurita, Investigador del CONICET, del Centro de Ecología Aplicada del Litoral y de la Universidad Nacional del Nordeste, se especializa desde hace tiempo en el estudio de estos grandes armadillos fósiles y será el encargado de estudiar este inusual hallazgo.

Coincidiendo con Tonni opina que “una de las adaptaciones más impresionantes de este tipo de armadillos fósiles es el progresivo aumento de los senos fronto-nasales (zonas aledañas al hocico del animal), que llegan a alcanzar un tamaño llamativo en las especies del Pleistoceno tardío. Esto ha sido interpretado como una adaptación a los climas fríos y áridos bajo los cuales se desarrollaron estos animales. Se ha hipotetizado que estos senos podrían haber servido para “calentar” el aire que respiraban o bien para filtrar el polvo del ambiente, aunque nadie sabe a ciencia cierta su función.”

 José Luis Aguilar, fundador del Museo Paleontológico de San Pedro y coordinador del Grupo Conservacionista de Fósiles comenta que “este hallazgo en San Pedro genera sorpresa por tratarse de cuatro individuos que murieron juntos, posibilitando diferentes interpretaciones. Permite inferir que vivieran en comunidades y que el lugar fuera una trampa natural que terminó atrapando a este grupo, tal vez parte de una manada, que transitaba por el lugar.

 Entre las piezas halladas hay vértebras, fragmentos de corazas, pezuñas, ramas mandibulares, etc. De los cuatro ejemplares, uno es el que se conservó muy completo. Posee casi la totalidad de la coraza, el cráneo con su casquete cefálico y otras partes del cuerpo. Un detalle importante es que se conservaron, además, los cuatro tubos caudales acorazados que formaban las colas de estos curiosos animales. Entre ellos se aprecian ligeras diferencias de tamaño, principalmente en el grosor de uno de ellos, que podrían delatar diferencias de edades entre los miembros de este grupo.”

Tanto las piezas sueltas como el ejemplar más completo están siendo acondicionados por el personal del Museo Paleontológico de San Pedro para su posterior exhibición al público en una de las salas de la institución una vez terminado el análisis de los 4 ejemplares.

LA COLA DE UN GIGANTE

Fue descubierta en una cantera cercana a Papel Prensa.
Es parte del tubo caudal de un armadillo prehistórico.

La enorme fuerza de la excavadora no pudo contra la aguda vista de Fausto Capre, maquinista de la Empresa “Tosquera San Pedro”, que alcanzó a visualizar un extraño objeto que afloraba en el sedimento que excavaba.

Al bajarse de la máquina pudo observar que se trataba de un fósil con curiosos “dibujos” en su superficie.

De inmediato dio parte al equipo del Museo Paleontológico de San Pedro, quienes se acercaron al lugar pudiendo constatar que lo que se había encontrado era gran parte del tubo caudal o “cola” de un mamífero prehistórico.

La limpieza del ejemplar no tardó en ser realizada por Ignacio, integrante del Grupo Conservacionista, en el taller de restauración del Museo.

Una vez acondicionado el fósil se intercambiaron imágenes y opiniones con el Dr. Alfredo Zurita, del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL-CONICET), especialista en el estudio de grandes armadillos fósiles, ya que se suponía que la curiosa cola había pertenecido a uno de estos extintos animales.

La palabra del Dr. Zurita no se hizo esperar y a su criterio “es indudablemente de un Neosclerocalyptus” y agrega que “un problema que yo detecté con estas estructuras, en este género, es que hay un alto grado de variación intraespecífico, así que es muy difícil llegar a identificar a nivel especie sólo con el tubo caudal” y observa que “de hecho, creo que es lo que más se modifica dentro de una misma especie.”

Ignacio del GCF observando el fósil hallado

En palabras sencillas significa que las ornamentaciones o dibujos presentes en estos fósiles varían mucho aún entre miembros de la misma especie y esto hace que se necesiten otras partes del cuerpo para llegar a una identificación más profunda.

En este caso sólo se podrá saber que la cola descubierta fue de un Neosclerocalyptus, un armadillo gigante que llegaba a medir unos 2 metros de largo, pesaba unos 120-130 kilogramos, poseía una coraza de 1 cm de espesor, aproximadamente, y su alimentación era herbívora.

Habitó la zona en gran número y se extinguió hace unos 8.000 años.

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